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IGNORANTACION, NINGUNEO Y TÍPICOS TÓPICOS Imprimir E-mail
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José Carlos Martín Puig
Jefe del gabinete de Prensa del Ayto. de Telde

Por la derecha, vemos como se afanan en vendernos que ir con los nuevos tiempos significa necesaria y obligatoriamente incorporarse a la globalización en todas sus vertientes.
Como dice Víctor Ramírez, intelectual de reconocido prestigio en el campo de la literatura de nuestra tierra, los canarios, al mismo tiempo que hemos ido haciéndonos con una formación que nos permitiera adaptarnos a las demandas del mercado de trabajo, también hemos ido entrando en un proceso de ignorantación galopante que nos desdibuja y aleja de nuestra identidad.
Digo esto porque, si lógico resulta el proceso de cualificarnos para tener una oportunidad en un mundo de competencias crecientes y acelerados cambios, no lo es tanto que hayamos ido perdiendo casi a igual velocidad, nuestra conexión con aquellos valores, costumbres, comportamientos, pilares de identidad y escenarios de vida que tanta trascendencia han tenido a la hora de conformarnos como comunidad humana, como pueblo.

Los tocados por la varita del modernismo ramplón, ese que se nutre del europapanatismo o aún peor del universalismo made in usa, suelen acudir a los discursitos de manual para sobrevalorar su propia opción y tachar con mil descalificaciones a todo lo que vaya contra su corriente de pensamiento. Por la derecha, vemos como se afanan en vendernos que ir con los nuevos tiempos significa necesaria y obligatoriamente incorporarse a la globalización en todas sus vertientes. Eso sí, no explican porqué la riqueza, el derecho a la salud, a una vivienda o en incluso a la libertad no se globaliza, sino que queda más o menos como siempre. De otro lado, en la izquierda, los modernos, llaman a luchar por la defensa y el respeto a las identidades frente a la homogenización cultural, a un mejor reparto de las riquezas frente al peso de las multinacionales, al uso de las energías alternativas para hacer frente al peligroso cambio climático, a las libertades en sentido amplio frente al conservadurismo de amplio espectro.

Pero es aquí, cuando descendemos a la innegable realidad más próxima, aquella en la que vivimos, cuando nos encontramos que los análisis de nuestros “modernos” son en esencia, más de lo antiguo, más de papanatismo, más de caducos prejuicios y estereotipos que pensamiento propio, valiente, enriquecedor por su diferencia. No. Aquí, en Canarias, lo que toca es decir que cualquier llamada a la defensa de la identidad es ombliguismo, que cualquier reivindicación preñada de razones por nuestra condición geográfica, histórica y política es nacionalismo de pandereta, que cualquier contribución desde aquí al universalismo es pura anécdota y hasta no se qué alusiones al guanchismo.

Es entonces cuando a quienes nos sentimos de aquí sin renunciar a sentirnos parte del mundo, a quienes vemos en la mundialización una oportunidad pero para no ser vistos y reconocidos como ultraperiféricos de nadie, a quienes nos aferramos a nuestra identidad cultural y a su defensa, precisamente porque es la que nos ha hecho un pueblo abierto, noble y solidario, es entonces cuando, insisto, descubrimos que quienes son pasado son los modernos, los que son más de lo mismo son esos que se creen adalides de la modernidad. Esos que pretenden ningunear todo aquello que se salga de los bordes de su pensamiento único, sea de derechas o de izquierdas; esos que descalifican a los que disentimos, a los que creemos que un proyecto de país para Canarias es el que realmente puede garantizar progreso para todos y todas, el que puede impulsar un modelo de desarrollo endógeno pensado para combatir nuestra dependencia alimentaria, industrial y tecnológica sin cerrarnos por ello al mundo.

Esos y esas, que ninguneando y ninguneándose así mismos, cualquier análisis político de corte propio, cualquier inmersión en las raíces de los problemas de esta tierra, se están hurtando y hurtando a otros su capacidad de ser protagonistas de cambios sociales en su escenario más próximo. Esos que lo único que hacen es copiar y pegar del pensamiento y reflexiones de otros, de las realidades de otros, de escenarios que son de otros, son los que, a lo mejor, si que están llenos de ombliguismos, complejos de inferioridad y prejuicios. Sólo así se explica que no les pese su endofobia, que degraden a sabiendas su identidad cultural con ridiculeces, que renieguen en la práctica de su condición de canarios para ser individualidades en un mundo en donde, precisamente, lo que persigue el poder es cargarse las identidades colectivas.

A ver si algún día nos sorprenden estos “modernos de boquilla” y se deciden a pensar en canario y en Canarias, incluso sin tener que llamarse por ello nacionalistas. A ver si se deciden a proponer que ellos no quieren anexos de programas electorales sino programas propios. A ver si se toman en serio eso de que ser cultos permite ser libres o se aplican aquello otro de que ser del mundo no es mirar hacia fuera, sino dar todo lo que llevamos dentro para construir un mundo nuevo, pero desde aquí.

Mientras eso sucede, aún tendremos que leer y escuchar, sus típicos tópicos.
Pero es aquí, cuando descendemos a la innegable realidad más próxima, aquella en la que vivimos, cuando nos encontramos que los análisis de nuestros “modernos” son en esencia, más de lo antiguo, más de papanatismo, más de caducos prejuicios y estereotipos que pensamiento propio, valiente, enriquecedor por su diferencia. No. Aquí, en Canarias, lo que toca es decir que cualquier llamada a la defensa de la identidad es ombliguismo, que cualquier reivindicación preñada de razones por nuestra condición geográfica, histórica y política es nacionalismo de pandereta, que cualquier contribución desde aquí al universalismo es pura anécdota y hasta no se qué alusiones al guanchismo.

Es entonces cuando a quienes nos sentimos de aquí sin renunciar a sentirnos parte del mundo, a quienes vemos en la mundialización una oportunidad pero para no ser vistos y reconocidos como ultraperiféricos de nadie, a quienes nos aferramos a nuestra identidad cultural y a su defensa, precisamente porque es la que nos ha hecho un pueblo abierto, noble y solidario, es entonces cuando, insisto, descubrimos que quienes son pasado son los modernos, los que son más de lo mismo son esos que se creen adalides de la modernidad. Esos que pretenden ningunear todo aquello que se salga de los bordes de su pensamiento único, sea de derechas o de izquierdas; esos que descalifican a los que disentimos, a los que creemos que un proyecto de país para Canarias es el que realmente puede garantizar progreso para todos y todas, el que puede impulsar un modelo de desarrollo endógeno pensado para combatir nuestra dependencia alimentaria, industrial y tecnológica sin cerrarnos por ello al mundo.

Esos y esas, que ninguneando y ninguneándose así mismos, cualquier análisis político de corte propio, cualquier inmersión en las raíces de los problemas de esta tierra, se están hurtando y hurtando a otros su capacidad de ser protagonistas de cambios sociales en su escenario más próximo. Esos que lo único que hacen es copiar y pegar del pensamiento y reflexiones de otros, de las realidades de otros, de escenarios que son de otros, son los que, a lo mejor, si que están llenos de ombliguismos, complejos de inferioridad y prejuicios. Sólo así se explica que no les pese su endofobia, que degraden a sabiendas su identidad cultural con ridiculeces, que renieguen en la práctica de su condición de canarios para ser individualidades en un mundo en donde, precisamente, lo que persigue el poder es cargarse las identidades colectivas.

A ver si algún día nos sorprenden estos “modernos de boquilla” y se deciden a pensar en canario y en Canarias, incluso sin tener que llamarse por ello nacionalistas. A ver si se deciden a proponer que ellos no quieren anexos de programas electorales sino programas propios. A ver si se toman en serio eso de que ser cultos permite ser libres o se aplican aquello otro de que ser del mundo no es mirar hacia fuera, sino dar todo lo que llevamos dentro para construir un mundo nuevo, pero desde aquí.

Mientras eso sucede, aún tendremos que leer y escuchar, sus típicos tópicos.
Escrito el ( jueves, 07 febrero 2008 )

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