Ignacio Morán Rubio Director de gobierno de Recursos Humanos del Ayuntamiento de Telde
La actividad política es tan antigua como la propia sociedad. Lamentablemente hoy hemos de recordar que es un quehacer tan digno y noble como la albañilería, la carpintería, o la docencia.
Ocurre que en todas las profesiones y en política, con mayor asiduidad, hay personas y hasta grupos enteros que se malician y hacen de su trabajo el origen de enredos, engaños permanentes y en fuente de vergüenza para los ciudadanos/as, en especial para quienes avalan esas opciones con sus votos.
Han sido muchos años, demasiados gobiernos, demasiadas acciones inexplicadas, demasiados malabarismos ideológicos, demasiado evidente el sentimiento ciudadano de que el engrudo básico que unía y engrasaba al viejo nacionalismo era el ejercicio del poder. Es tiempo, pues, de reafirmar la idea de que no todos los nacionalismos son iguales, de que es la ideología, los planteamientos de partido, las actitudes ante los nuevos retos sociales…lo que debe marcar las prioridades de gestión, de gobierno y de producción legislativa.
Coalición Canaria ya no es un grupo político que sustenta y nutre un proyecto de futuro, se ha convertido en un colectivo político que alimenta y patrocina los intereses de parte y ello quiebra la credibilidad en la democracia y en las propias instituciones. Lamentable, pero muchos lo damos por cierto, inclusa algunos ingenuos todavía lo ven como “un mal nuestro”. A todas luces un nacionalismo caduco, con actitudes y mañas de otros tiempos.
En las próximas semanas la cuestión política volverá a tensionar los sentimientos de los ciudadanos. Los grandes partidos nacionales ocuparán el centro del debate mediático, dejando poco espacio a otras sensibilidades igualmente importantes y que además, llegado el caso, matizarán y enriquecerán las propuestas de gobierno de un estado rico y plural.
Cuestiones identitarias en cultura, realidades económicas diferenciadas, geografía que enorgullece pero condiciona, especificidades políticas reconocidas largamente… marcan un enfoque que diferencia las bases ideológicas de un proyecto nacionalista claramente social, progresista, moderno y de futuro como el que propone Nueva Canarias.
Cierto es que España precisa, a mi entender, de un parlamento y de un gobierno de clara orientación progresista pero no es menos cierto que ese legislativo debe de estar o sentirse obligado a atender a esas cuestiones identitarias que enriquecen y dan sentido a nuestro estado frente a santones e inmovilistas. En ese contexto se hace necesario que Canarias ponga, detrás del altavoz de Madrid, una voz inequívocamente de Gran Canaria. Una voz que exprese propuestas y necesidades de esta tierra en la que vivimos dos millones de personas. Pero ha de ser una voz preparada, cargada de razones, coherente, sensible, responsable, que destierre el mercadeo, que no haga rechifla de la ideología, que gane el respeto del resto del Estado para este pueblo.
Esa identidad nacionalista capaz de alentar el progreso económico, las infraestructuras y los negocios sin quedar enredada en sus intereses empresariales es Nueva Canarias. Una fuerza que tiene acreditado en el municipalismo la capacidad de mantener la mirada en el progreso social y reafirmar la prioridad en las personas. Esa nueva identidad nacionalista que representa Nueva Canarias pronto será la casa política de la gente convencida de que hoy son más necesarias que nunca las políticas pragmáticas pero solidarias, de futuro pero atendiendo a un presente que nos agobia, universalistas pero con identidad, en definitiva un progresismo más pegado a la gente, a la tierra, mas pegado a esa sociedad nueva y plural que emerge en Canarias.
En esa nueva identidad que se abre paso, Marino Alduán es un hombre de fiar, lo ha sido siempre. A partir de marzo será el referente nacionalista en Madrid, pondrá voz a esos mensajes en el Congreso de los Diputados, será sin duda la nueva voz de Gran Canaria. |