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SOBRE NACIONALISMOS, SECUESTROS Y SINDROMES DE ESTOCOLMO Imprimir E-mail
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José Carlos Martín Puig
Director del Gabinete de Prensa de Alcaldía

Un amigo siempre me repite que el nacionalismo tiene muchos rostros y que al menos el español tiene dos caras; una de derechas y otra de izquierdas.

Me afano algunas veces en corregirle, que es la derecha española la que más saca pecho con eso de la rojigualda y las esencias patrióticas, pero él, cuico y con mucho trecho andado ya, me dice que no sea inocente, que cuando se trata de España o de negar que existen otras sensibilidades nacionales, también en la izquierda los hay encendidos fundamentalistas.

Dirán siempre, me dice, que se autoproclamarán universalistas, ciudadanos del mundo, incluso hasta no sé porqué amantes del gofio y unas cuantas excusas más, pero eso sí, que nadie discuta la indivisible unidad de la patria y la modernidad, que cimentan para no parecer fachas, en la irreformable constitución y en la globalización made in Usa. España es como es y que nadie siquiera insinúe lo contrario, que se arriesga a ser tachado de chovinista, narcisista, analfabeto político y demás ilustrados calificativos, todos ellos muy democráticos e indignos de progresistas por cierto. Siempre intento plantearle a mi amigo que tienen razón aquellos que critican a quienes no ven más allá de su ombligo, pero el puñetero me anota y recuerda con socarronería, que siendo verdad, también ombliguistas hay a izquierda y derecha en el nacionalismo español.

Después me argumenta que, esos que sólo ven los ombligos ajenos pero no los propios, tienen el agravante de que, a la mínima, pretenden además meter su dedo en tu ojo porque creen ver el mundo mejor que tú e incluso la mano en tu boca para tapartela, si osas decir que tu parecer no coincide con la España que, miren por donde, sí comparten Rajoy y Zapatero. Quien sobre todo esto me ilustra, cree que existen otros nacionalismos en el Estado español, precisamente porque existe uno que es claramente español, intolerante e incapaz de soportar que otros también queramos ser ciudadanos del planeta sin dejar de sentirnos de aquí. Y cuando ese nacionalismo español disfrazado de izquierdas o de derechas se hace patente, surgen interpretaciones raras que hablan sobre el secuestro de la historia, enfermedades infantiles, un mundo sin fronteras y algunas cosas más, que uno no sabe bien a qué vienen pero sobre todo teme hacia donde van. ¿Es que ustedes, aquellos a los que hemos estado acompañando en la lucha porque se revisara la memoria histórica española, van a hurtarle a su propio pueblo que urge en la suya para conocer la otra historia de Canarias? ¿Es que ustedes, intelectuales, personas preparadas, van a caer en el manido discursito que reduce el nacionalismo canario al guanchismo?. Por favor, por ese camino, flaco favor se están haciendo a su currículum progresista.

Hay quienes hablan de lo negativo que es el nacionalismo excluyente. Gran verdad esa, pero a lo mejor hay quienes deberían reflexionar sobre lo excluyente que es que algunos piensen que para sentirse ciudadano del mundo hay que ser español de izquierdas y que los demás por tanto, si no lo vemos así, estamos fuera de este mundo y de este tiempo. Hay quienes dicen que el nacionalismo canario está intentando reinterpretar la historia de Canarias para dar aún más consistencia a su discurso político. Que pena que sean los mismos con los que, también los nacionalistas canarios hemos reivindicado una ley de memoria histórica que sitúe a cada uno en su sitio, sin pensar por ello que secuestrábamos ninguna historia. Todo lo contrario. Que pena. Va a ser verdad que dentro de la izquierda española también hay furibundos nacionalistas españoles y excluyentes que entienden que los demás somos, poco menos que ciegos, sordos e incapaces de ver su verdad irrefutable.

Dicen, que algunas víctimas de secuestros de larga duración, en determinado momento pueden llegar a padecer del llamado síndrome de Estocolmo, esto es, ver en su secuestrador fines lógicos y hasta identificarse con él, con su causa. ¿Tendrán algunos canarios el síndrome del Estocolmo metido en sus venas?¿Qué progresismo es ese que le lleva a alguien que se precia de tal, a casi igualarse al nacionalismo español más manido y trasnochado en su interpretación de las reivindicaciones responsables del nacionalismo canario?

Quien esto escribe, ha tenido la suerte y el placer de conocer a algunas de las personas que, durante este último fin de semana, nos han hecho manifiestas sus opiniones sobre el nacionalismo canario. Ambas son de una talla intelectual importante, de un compromiso social elogiable y de un sentir progresista con el que en general me identifico, pero debo reconocer que me ha apenado leer de ellos esas líneas. No es justo simplificar conceptos y pretender salir de rositas. No es edificante hacer un discurso desde posturas progresistas, que degrada ramplonamente el sentir nacionalista a una categoría que, ustedes precisamente bien saben, no se corresponde con la gente que defiende esas posiciones con seriedad y consistencia ideológica. Sinceramente no es esa la dirección más oportuna si lo que se pretende es no parecer excluyentes, intelectualmente primarios y políticamente preconizadores de lo que dicen aborrecer, pero en clave españolista.

Cuando la crítica que se hace al nacionalismo canario en su conjunto va por esos derroteros, créanme que a muchos nos reafirman más en qué lado del progresismo queremos estar, a qué mundo queremos aspirar desde aquí y a qué no vamos a renunciar nunca si este es el talante que quiere tomar cuerpo de pensamiento único y alma nacionalista española.


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