Francisco Javier Benítez Hidalgo Militante de Nueva Canarias
Le propongo un ejercicio que no le va a agotar ni que requiere de mucha imaginación. Al fin y al cabo sólo tendría que ponerle pilas a una radio y buscar un dial. Mejor si se sienta, las cosas que hieren la sensibilidad ideal es digerirlas en una posición casi horizontal.
Imagine que oye que alguien le atribuye a otro despectivamente unos kilos de más, que mentan a su familia o el origen de su paternidad. Imagine que de alguien que conoce dicen de todo, desde su poca estatura a no se qué otras desconsideraciones más. Imagine que después le cuentan que todo esto va, por no se qué extraña forma de entender la libertad. Imagine que mientras reposa su cabeza hacia atrás y de merienda, oye cómo se acosa, se ultraja, se insulta, se grita y unas cuantas cosas que, más que a un profesional, atribuiría a un espectáculo gore de esos de tele-realidad.
Usted se echa las manos a la cabeza y como buena persona que es coincide con otros en que esto, no se puede aguantar mucho más. Claro que cuando apaga la radio respira tranquilo porque con usted nada va. Suena el teléfono y le dicen al otro lado, oye, que en el salón de plenos ha habido un ataque contra la libertad. Marca un teléfono, esto hay que aprovechar. Sale en antena y dice que sí, que caña, que esta dictadura no se puede aguantar.
No se si cuando colgó se dio cuenta de que estaba reivindicando justicia para el que gordo, enano y mil insultos más dice un día y otros tantos más. Valiente demócrata estoy hecho seguro que podría pensar, pero en lo más hondo de su corazón se podría preguntar ¿dónde he dejado algo más valioso, mi moralidad?. |
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Escrito el ( jueves, 15 noviembre 2007 )
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