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Supongamos por un casual que alguien ha llegado a la conclusión de que visto lo visto tras la tormenta del caso Faycán, está difícil volver a sumar los mismos apoyos para seguir gobernando en Telde.
Supongamos que en pura lógica política, pero no de aquella que se guía por el sentido común, hay que evitar por todos los medios que gobiernen aquellos otros que tanto odio les generan, aunque para ello haya que quemar Telde, como hizo aquel Nerón con su ciudad. Supongamos que se han hecho numerosos, sondeos, encuestas y demás cábalas y que, por suponer, los resultados que arrojan les anuncian que aún hay una esperanza si una buena estrategia de acoso y derribo se traza.
El plan cuenta con varios padrinos y algunos hombres de paja. Entre los primeros, alguien demasiado crédulo que tiene promesa de ser investido senador si aguanta el temporal del que él mismo es culpable. Entre los segundos, un par de periodistas a nómina, un fiel escudero de vieja gloria y un pintor metido a prácticas de surrealismo político. El objetivo es claro y tiene nombre y apellidos. Si se le quema y no es cabeza de lista, aún podemos ganar por los pelos. La estrategia pasa primero por decir que la ciudad ha pasado por una pesadilla pero que se debe pasar página ya, pero se falla porque la gente quiere saber la verdad primero; le sigue una sistemática dinámica de emponzoñar con querellas y calumnias al adversario temido para así frenar su avance y finalmente, entre en una última fase consistente en chalanear a la opinión pública con la idea de que sólo se podrá salir de esta situación si toman las riendas de todo, los jóvenes.
Así las cosas, se lanzan proclamas irresponsables y desmemoriadas. Irresponsables porque Telde merece, ahora más que nunca, que quien tome las riendas del Ayuntamiento en Junio del 2007, se acompañe de savia nueva sí, pero con experiencia y conocimientos sobrados para abordar medidas de choque que frenen este deterioro imparable. No importa si se cae en la contradicción de que de poco le ha servido la edad a algunos concejalas jóvenes, a algunos consejeros jóvenes, a algunos directores generales jóvenes para administrar los asuntos de todos. Quieren hacerle creer a la ciudadanía que el problema está en la edad y que la eficacia viene de la mano de ésta necesaria e indefectiblemente. Todo con un único objetivo, políticamente lógico, pero socialmente reprochable habida cuenta de la necesidad que el municipio tiene en estos momentos de recobrar estabilidad, buena gestión y mejores perspectivas sin pagar encima novatadas.
Este cambio que algunos están intentando vendernos a todos y todas, coincide mucho con una definición que la academia de la lengua le da a este concepto, que es la de acción de trueque o permuta de una cosa por otra. Hasta por sus definiciones se les puede conocer y verles el rejo. Telde necesita un cambio en profundidad, un cambio tranquilo, un cambio para reponerse del mal causado, un cambio que no tiene tanto que ver con las personas que lo abanderen y sí en las propuestas que lo sustenten. Sobran jóvenes en Telde para abanderar ese cambio, pero miren por donde les digo que muchos están en Nueva Canarias y conscientes hoy más que nunca de cuales son las prioridades que marca el momento presente. Una prioridad que no entiende ni discrimina por edad y sí por ganas de trabajar con un proyecto sólido.
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