Buenas noches, vecinos/vecinas. Amigos, señor Presidente y miembros de la Comisión de Fiestas, Autoridades, teldenses todos.
Allá por el mes de agosto
a mediados del estío,
los fuertes rayos de sol
nos alcanzan con brío.
Mas al ocaso de la tarde
la luz se hace más dulce
y en su trono la Virgen
con flores de colores se luce.
Las calles se visten de gala
en fechas de buena vecindad.
¡Pues son estas las Fiestas de La Viña
que hoy les vengo a pregonar!
Como pregonera, no puedo disimular desde el primer momento, mi gratitud y satisfacción por la confianza que se ha depositado en mí, al haberme sido otorgado el don de la palabra para proclamar, ante ustedes, el inicio de estas entrañables Fiestas de La Viña en honor a Nuestra Señora de La Paloma, del año 2005; pero tampoco puedo eludir la enorme responsabilidad que he contraído con este barrio, que me ha visto crecer, ante la experiencia de dirigirme a todos ustedes desde este escenario, por el que, año tras año, han pasado numerosos pregoneros, amantes de la palabra bien expresada, de las frases más bellas y precisas. Y aunque esta pregonera, que hoy les habla, no lo hiciera con tal reflexionada calidad, sí les puedo asegurar que he escrito este pregón con mucho cariño y con el más vivo y profundo de mis sentimientos, pensando siempre en mi gente y en mi pueblo.
Ser pregonera de las Fiestas de La Viña, en esta hermosa plaza, invita a que el sentimiento brote del alma con palabras amenas y alegres. Y créanme, si les digo que es un orgullo para mí poder hacer dicha lectura para tan estimado público que me escucha y que espera con ansias la llegada de estas importantes fechas de arraigo y tradición en las memorias de todos nosotros.
Por tanto, reitero en agradecer a todas aquellas personas que han contribuido en encomendarme esta noble tarea de indagar en las vivencias pasadas de los primeros pobladores, que llegaron a este lugar y que son parte de la historia de nuestro Barrio.
A quienes desconozcan
la ubicación de La Viña
invito a la reflexión:
El viajero, a su paso
por la autopista,
y transeúnte entre
La Montañeta y Las Huesas,
dirige su mirada
hacia las cumbres,
y al fondo divisa,
sobre una ladera,
casas pintadas
de bellos colores:
¡Es el Barrio de La Viña,
por el que van pasando
varias generaciones!
Desde el fondo del barranco
se alzan los primeros peldaños
y ascienden por la ladera
tres largas escalinatas
que llegan a las primeras aceras.
El Barrio de La Viña, comenzó a urbanizarse con dos o tres casas a mediados de los años cincuenta del siglo pasado (hay quienes aseguran que sobre el año 1955, aproximadamente). Los primeros habitantes que llegaron a este Barrio fueron inmigrantes procedentes de varios rincones de la isla: Valsequillo, San Mateo, Gáldar o San Nicolás de Tolentino, entre otros.
Al llegar a este pago teldense se encontraron con dos tipos de terrenos a elegir para su adquisición: uno llano, que estaba a la venta a sesenta pesetas y otro, de una pendiente más inclinada, sobre una ladera, a quince pesetas el metro cuadrado. Hoy podemos pensar que se trata de cantidades irrisorias, pero era el valor de mercado que tenían los solares en aquella época. Ambas superficies fueron compradas a dichos precios y pagadas a plazos, porque se trataba de gente humilde, sencilla y trabajadora dedicada, especialmente, al sector agrícola y a los servicios, sobretodo a la construcción, propio del “boom” turístico experimentado en el sur de la isla por aquellas fechas.
Las primeras viviendas se empezaron a construir con sillares, que eran los materiales más utilizados en aquellos tiempos. Los vecinos, debido a la dificultad que suponía acceder al terreno, pagaban cincuenta pesetas para contratar los servicios de un camión que les traían dichos materiales hasta lo que hoy conocemos como la entrada del barrio, y de ahí, los llevaban hasta sus solares en animales de carga.
En poco tiempo fue evolucionando el Barrio y una persona quedó marcada en el recuerdo: Antoñita Bueno, como todos cariñosamente la recuerdan, puso una tienda surtida de productos de primera necesidad y confiando en la honradez de sus vecinos, les ayudaba dándoles facilidades de pago, que en verdad era de agradecer, teniendo en cuenta aquellos duros y difíciles tiempos. Una confianza que era recíproca y merecida, pues como persona honesta que fue, a ella también le depositaron los dineros que hubo que reunir entre todos para comprar e instalar las tuberías del agua, una vez que se abriera la calle Nobleza.
Recuerdo cuando llegué a La Viña y me encontré con un barrio ya transformado, que había nacido tiempo atrás y que ha seguido creciendo progresivamente gracias al esfuerzo y sacrificio de su gente. Gente que con su identidad solidaria, acogedora y unida se han caracterizado siempre por sus buenas costumbres, su buen hacer y por saber compartir y convivir los unos con los otros, adaptándose a los nuevos tiempos. Porque la unión, los valores y el entendimiento entre las personas son fundamentales y necesarios para el buen desarrollo de una comunidad, y de ello puede dar buen ejemplo La Viña.
Todo este proceso de transformación que ha experimentado este pequeño y tranquilo lugar, ha sido posible gracias al esfuerzo de todos, especialmente, a los presidentes que han estado al frente de la Asociación de Vecinos, que con sus respectivas Directivas, han hecho una gran labor en este Barrio. A unos quizá les haya tocado la tarea más difícil porque, en su etapa de presidentes, coincidieron con la culminación de mejoras y proyectos de infraestructuras de los que, hasta ese entonces, carecía el barrio, como son: la Plaza, el Local Social, la Ermita y las Escaleras, que antes no existían. Una responsabilidad que en la actualidad es asumida por Juani, un presidente joven que sigue la trayectoria de sus predecesores. Pero en definitiva, con la aportación, el apoyo y el empeño de todos.
Hoy instalarse aquí para vivir, cuesta mucho más que antaño, puesto que queda poco suelo urbanizable y el que existe disponible es caro, debido a que residimos en un punto óptimo y privilegiado de la ciudad, cercano a las principales arterias de la isla, al estar enclavado en las inmediaciones del Cruce de Melenara, que conecta la GC-1 con el resto de vías de comunicación, por las que podemos acceder tanto a la zona costera como a las medianías del propio municipio.
Asimismo, nos encontramos también a poca distancia de El Calero, donde están ubicados: un campo de fútbol, con modernas instalaciones; un Centro de Salud con Servicio de Urgencias, dotado de los equipamientos más imprescindibles; diferentes clases de comercios; servicios que prestan varias sucursales de entidades financieras; y centros de enseñanza educativa, de calidad reconocida en el municipio, donde los niños y jóvenes de La Viña y de los barrios colindantes, nos hemos formado y lo seguirán haciendo futuras generaciones.
Tampoco puedo esta noche dejar de mencionar a los jóvenes del barrio, sobre todo los de mi edad, con los que compartimos momentos, juegos o estudios en nuestra infancia y adolescencia. Algunos coincidíamos en los mismos niveles y otros no, pero siempre nos encontrábamos por el camino cuando íbamos y veníamos del colegio y conversábamos sobre los temas propios de nuestra edad. Me vienen al pensamiento los nombres de: Maricarmen, Lorena, Ángela, Minerva, Miguel Ángel, Leonardo, Teresa, Maribel, Laura, Natalia, Jessica, Octavio, Nayra, Cristina, Trini, Jorge, Raúl, David, Toni, Isidro, Yazmina... Y algunos más que, probablemente, me haya olvidado de mencionar, pero a quienes también va dirigido mi mensaje.
Con el transcurso de los años cada uno hemos ido eligiendo nuestro camino en la vida, pero aún cuando nos vemos por la calle nos saludamos con el afecto y cariño que los seres humanos sentimos por haber compartido nuestra etapa de niñez. A todos ellos, un abrazo y mis mejores deseos para que en la vida consigan siempre todo aquello que se propongan.
Recuerdo de niña ver cómo quien fuera, por aquel entonces, nuestro cura párroco, Don Andrés Viera Martín, persona entregada a El Calero, celebraba cada año la Semana Cuaresmal en todos y cada uno de los barrios que pertenecían a su parroquia, llevando a todos ellos la imagen de Fátima. Con su mensaje de unidad supo aunar pensamientos y hacerse también un pequeño hueco en la historia de La Viña. Dada nuestra cercanía con El Calero, el barrio nuestro era el primero en visitar. A lo largo de toda una semana, del lunes al sábado, en actos de convivencias, los vecinos nos reuníamos en el salón de Carmita para recibir diariamente: charlas; catequesis, para los más pequeños, a las que yo asistía con el resto de niños y niñas de mi edad; y celebrar, entre todos, la misa al caer la tarde-noche, ante ambas imágenes de Ntras. Sras. de La Paloma y de Fátima. Eran de destacar: el Miércoles de Ceniza, el Viernes de Confesiones y el Sábado, con la despedida y acompañamiento de la Virgen de Fátima a los demás barrios.
En una noche como esta se hace inevitable hacer una dedicatoria especial a la Patrona de La Viña, Ntra. Sra. de La Paloma. Cuando los vecinos la trajeron aquí, Clarita fue la encargada de guardarla en su casa, durante siete años, hasta que se construyera la ermita donde hoy permanece custodiada. Sean dirigidas a La Virgen las palabras que, a continuación, voy a pronunciar:
En el corazón de La Viña
hay una ermita, y en su interior,
como Reina y Señora del lugar
mora la más bella Paloma
que unos ojos pudieran contemplar.
Eres tú, Virgen de la Paloma,
imagen de amor y abnegación
que a tus pies se vino a posar,
obedeciendo a un mandato divino,
la razón de tu razón.
Señora de La Paloma:
Un año más llega también la romería y ofrenda floral. Los romeros, ataviados con sus trajes típicos, irán acompañados de tocadores y cantadores que alegrarán el camino que conduce a ti. Recorrerán las calles junto a las carretas cargadas de pan, frutas, hortalizas y otros productos de la tierra, destinados a repartirse entre los más necesitados; y tú, los esperarás como siempre en la puerta de tu ermita. Pero el día de tu procesionar no te quedarás en la intimidad de tu morada, sino que saldrás por las calles rodeada de tus hijos, tus vecinos de La Viña.
Organizar las fiestas de La Viña es siempre una labor gratificante por lo entusiastas y participativos que son los vecinos, que responden masivamente con su presencia y colaboración, en todos y cada uno de los actos programados:
Los encuentros folclóricos
se viven con emoción
todos escuchan o bailan
canciones de la nación.
Nadie se quiere perder
la actuación de los niños
reuniendo cada año a
vecinos, familiares y amigos.
En Víspera, con la Verbena,
iluminado queda el cielo estrellado
con fuegos artificiales
que a todos dejan maravillados.
Y al llegar el Día Grande:
la Eucaristía y Procesión,
entre bandas y tracas llevan
a su Virgen con devoción.
Para ir concluyendo este pregón, queridos vecinos y amigos, les digo que aquí, en las celebraciones que esta noche comienzan, se acentúa y se corrobora la necesidad y el deber ciudadano de participar, de manera conjunta, en este tipo de eventos sociales y religiosos, con la pasión de compartir y ser solidarios los unos con los otros; pues en ellos es donde entremezclamos momentos de alegría, expresiones, desasosiegos, inquietudes y esperanzas.
Pero, además de todo ello, en esta noche pregonera, pongo de manifiesto, que son los vecinos verdaderos protagonistas durante estos días en los actos que todos juntos vamos a disfrutar y en los que no puede quedar nadie ausente. Pues son ustedes los que con sus aplausos y palabras de aliento, animan y motivan a los organizadores de estas Fiestas a continuar, cada año, con esta grata actividad.
En estos días de emoción festera, dejémonos llevar por los impulsos del corazón y contagiemos con palabras de ilusión y alegría a cuantos se acerquen a visitarnos a nuestro entorno: familiares, vecinos, amigos y foráneos, porque las Fiestas de Nuestra Señora de La Paloma, del año 2005, en el Barrio de La Viña, han comenzado.
Felices Fiestas para todos.
¡Buenas noches y gracias!
En Telde, a 5 de Agosto de 2005
Marta Nayra Ramírez Alemán