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Otea la sospecha, aún, de que el político que no se lo hace es aquel que no ha pillado poder, en ello loamos cambios generacionales con pocos fundamentos; y en esas estamos, hasta el punto de poner en la picota al sistema democrático, cuestión que no es baladí, el atrevimiento es niño, las consecuencias son insoportables simplemente mentarlas.
Que los clanes antisistemas lo preconicen parece lógico, que tal disquisición la aprovechen algunos posesionándose en “ni los de antes, ni los de ahora”, para justificar su cuota de poder deja un sabor de amarga desazón, sobre todo cuándo viene de aquellos que son herederos de un proyecto de sociedad que ha ayudado en gran medida a legarnos nuestras actuales márgenes de libertad; pero que lo tenga interiorizado como un sello de identificación el ciudadano de a pié, esto no es que resulte preocupante, resulta desolador, poco importa la búsqueda de la participación para alcanzar legitimación o un puñado de votos, es la mirada vidriosa sin futuro lo que te rompe el alma.
En nuestra ciudad, en nuestro querido Telde, se está dando de forma superlativa este desasosiego, hasta el punto de que el ágora pública se esta viendo pisoteada por desalmados y truhanes con voz de “canarión” viejo y entrañable (hoy delincuente de la calumnia), esa que pretende apresar a las voluntades y parten las piernas de lo colectivo, y lo intenta sumir en la miseria de que se ha llegado al fin de la historia, lema que preconizara el imberbe neodarwinista Fukuyama a finales de los noventa; y, por lo tanto, que no hay salida: nuestros políticos nos conducen a un Guantánamo local.
La respuesta a esa mirada rota debe ser desde los que creemos en el futuro de esta, nuestra ciudad, que podemos si queremos invertir la situación. La respuesta domestica y coloquial se circunscribe al argumento que un miembro de esa comunidad de las miradas que es la cola del paro me pronunció días atrás: “Este alcalde fue en puesto importante con “los de antes”, y por tiempo, y a pesar del tiempo y del puesto, a día de hoy, y en la tarea de querer justificar los niveles de corrupción que ha alumbrado bajo su desbarajuste, no ha sido capaz de poner sobre la mesa argumentos sólidos sobre conductas reprobables de sus antiguos compañeros”. Efectivamente nuestro Alcalde, “el Alcalde de la corrupción”, no ha logrado consumar su más elevada intención política y la de sus parejas de despropósitos (el pacto PP-AFV-CIUCA), la de mezclarse con todos y establecer el epitafio: “Todos los políticos somos iguales”.
Y no vale como respuesta esgrimir la incapacidad de nuestro alcalde; la cual siendo manifiesta, es poco creíble que no llegue a la dimensión de no alcanzar a articular ni siquiera un mínimo papel a partir del cual pueda desacreditar políticamente a sus anteriores compañeros de viaje: su autentico leit motiv como gestor de la cosa pública.
A esa Comunidad de las Miradas que suponemos todos.
(*) Onofre Jerez Ojeda es secretario de Comunicación y Deportes de Nueva Canarias-NGC de Telde. |